Mis experiencias 🌱 · Trilogía: El Condicionamiento (Parte 3 – Final)

¿Qué hago con lo que hicieron de mí? (Parte 3)

La resiliencia como reconstrucción activa del proyecto personal.

En la primera reflexión hablamos del condicionamiento. En la segunda, de la responsabilidad.

Ahora nos queda la tercera pieza del puzle. La más difícil: la resiliencia.

Porque una vez que comprendemos nuestras circunstancias y una vez que decidimos actuar sobre ellas, descubrimos una verdad incómoda:

No siempre conseguiremos lo que buscamos.

Y cuanto antes aceptemos esta realidad, mejor preparados estaremos para la vida.

Lo digo desde la experiencia, no desde la teoría. Cuando uno supera las cinco décadas de vida acumula suficientes intentos, errores, ilusiones y decepciones como para comprender que el esfuerzo no garantiza el éxito: lo aumenta, lo favorece, lo hace más probable, pero no lo garantiza.

1. Caminos, intentos y lo que no depende de nosotros

Durante buena parte de mi vida intenté cambiar mi situación económica, laboral y profesional. Lo hice antes de llegar a España y también después. Estudié, me formé, hice cursos, trabajé en ámbitos muy distintos:

  • Hostelería como camarero y cocinero.
  • Construcción y telecomunicaciones.
  • Ventas en ferias y talleres de artesanía.
  • Asesoría financiera.
  • Estudios en la UNED y formación en AENOR.
  • MBA y programas de formación online.
  • Y, finalmente, la enseñanza.

Lo intenté muchas veces. En más de una ocasión pensé que ya estaba cerca, muy cerca. Pero la vida tiene la costumbre de recordarnos algo fundamental: no todo depende de nosotros.

Cometemos errores y podemos corregirlos, aprender, madurar y mejorar. Pero hay partes de la realidad que permanecen fuera de nuestro control: la economía, las oportunidades, la salud, las decisiones de otras personas, el momento histórico que nos toca vivir… y la suerte. Negarlo sería faltar a la verdad. A medida que pasan los años uno descubre que el esfuerzo es imprescindible, pero no omnipotente.

2. Un as en la manga: compartir lo aprendido

Y entonces aparece una pregunta inevitable: ¿Merece la pena seguir intentándolo?

Mi respuesta es sí. Rotundamente sí.

Porque aunque a veces no consigamos el resultado esperado, siempre obtenemos algo en el proceso: aprendizaje, experiencia, perspectiva, profundidad, comprensión… Y, en ocasiones, algo todavía más valioso: la posibilidad de ayudar a otros.

Hoy tengo 54 años. Probablemente ya no disponga de las mismas oportunidades que tenía a los veinte, a los treinta o a los cuarenta. Hay trenes que pasaron, caminos que no recorrí y metas que posiblemente nunca alcance. Y, sin embargo, siento una serenidad que antes no tenía.

Porque con el tiempo descubrí una especie de as bajo la manga: no puedo volver atrás, pero puedo compartir lo aprendido. Puedo evitar que otros tropiecen con algunas de las piedras contra las que yo tropecé. Puedo transmitir experiencias, perspectivas, errores y aciertos. Y hay una enorme satisfacción en ello, quizás mayor que la que producen muchos éxitos personales.

3. La batalla con uno mismo y el mito del éxito

Ahora bien, no toda la resiliencia está relacionada con circunstancias externas. Existe otra batalla igual de importante: la que mantenemos con nosotros mismos (nuestro carácter, gestión emocional, ira, procrastinación).

Cambiarse a uno mismo es una de las tareas más difíciles que existen. A veces progresamos, a veces retrocedemos, y el crecimiento personal nunca sigue una línea recta.

«Si quieres, puedes.»

Confieso que yo lo pongo en duda.

Me gustaría que fuera cierto, sería maravilloso, pero mi experiencia me dice otra cosa: hay personas que quieren profundamente algo y no lo consiguen; trabajan enormemente y no alcanzan sus objetivos. Reconocerlo no nos vuelve pesimistas: nos vuelve honestos.

Por eso me interesaron tanto autores como Jean-Paul Sartre («Yo soy lo que hago con lo que hicieron de mí»), Viktor Frankl (El hombre en busca de sentido y la dignidad en circunstancias extremas) o Boris Cyrulnik (Los patitos feos y el concepto de resiliencia).

4. Continuar: la verdadera definición

Tengo la sensación de que hemos confundido resiliencia con éxito, y no son lo mismo:

  • La resiliencia no consiste en ganar: consiste en continuar.
  • No consiste en alcanzar siempre la meta: consiste en seguir caminando cuando la meta aún parece lejana.
  • No consiste en no caer: consiste en levantarse una vez más.

La única idea

Si después de leer estas tres reflexiones tuviera que dejarte una única idea, sería esta:

1. Comprende tus condicionamientos.

2. Asume tu responsabilidad.

3. Y persevera, incluso cuando los resultados no aparezcan tan rápido como esperabas.

No puedo prometerte que llegarás exactamente al destino que imaginas. Nadie puede hacerlo. Pero sí puedo decirte algo con absoluta convicción: el viaje merece la pena.

Y si decides comenzarlo, te deseo de corazón que encuentres en él mucho más de lo que hoy estás buscando.


🌱 Un grado, cada día.