No empecé a dar clases hace una década.
Empecé en 1989.

El examen de Química

Mayo de 1989. Tengo casi 18 años y asisto a uno de mis últimos cursos antes de la Universidad. Nos espera uno de los exámenes más temidos: el equilibrio químico combinado con la termodinámica química. La asignatura era Química General e Inorgánica, con uno de los profesores más exigentes del centro.

En el recreo, mis compañeros me piden que les explique el tema antes de entrar. Voy a la pizarra y empiezo. Suena el timbre y nadie se mueve — siguen apuntando, en silencio, atendiendo. Cuando por fin levantamos la vista, el profesor lleva varios minutos en la puerta, escuchando. «No, Pinciroli, por favor, continúe». Al terminar el examen me llamó aparte y me dijo una frase que no he olvidado nunca: «Dedíquese a dar clases. Lo hace estupendamente. Tiene un don.»

Alef: El origen de una metodología

Tres años después, con 21, monté mi primera academia de apoyo escolar junto a dos compañeros del instituto: Alef. Uno de esos socios, que acabó dirigiendo áreas de gestión educativa en el Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires, me lo repitió por teléfono hace poco más de un año sin que yo se lo preguntara:
«En toda mi carrera, no he conocido a nadie que explique lo más complejo de forma tan sencilla.»

Richard Feynman decía que si no eres capaz de explicarle Física Cuántica a un niño de 10 años, es que no la has entendido de verdad. Llevo desde 1989 intentando estar a la altura de esta idea.

El paréntesis y la escuela de resistencia

En 2002 me trasladé a España. La hostelería fue, durante mucho tiempo, la única puerta abierta para un técnico de calidad recién llegado sin contactos en el país. Una etapa dura, pero también una escuela de resistencia que no cambiaría por nada. Nunca dejé de enseñar. En 2014 retomé las clases con adultos que ingresaban en la UNED y, desde 2021, trabajo con adolescentes — descubriendo que es exactamente donde quiero estar.

Hoy: formación y disciplina de fondo

Soy Técnico en Industria Alimentaria y cursé Ingeniería Química. En 1997 gané por concurso público una beca de la agencia de cooperación japonesa JICA para formarme en Japón en aseguramiento de la calidad de alimentos de origen marino. Durante años trabajé en el Departamento de Calidad en empresas como La Campagnola, la conservera más importante de Argentina. Ya en España cursé un MBA (Máster en Administración y Dirección de Empresas) y un Máster en Mercados Financieros y Gestión de Activos, ambos en la ENEB en 2024.

Eso significa que la química, la física y las matemáticas que enseño no las conozco solo de los libros: las he aplicado cada día en un laboratorio y en una planta de producción. Más allá de los títulos, mi verdadera vocación es tender puentes: transformar lo complejo en algo accesible para cualquier mente.

Corro fondo. Entreno cada mañana. Me tomo la constancia tan en serio en la pista como en la pizarra, porque al final compartimos la misma filosofía: un pequeño paso cada día, sostenido en el tiempo y respetando el propio ritmo, es lo que permite a cada mente descubrir su propio potencial extraordinario.

¿Quieres ver cómo transformamos esta filosofía en una forma de aprender diseñada a la medida de tu hijo?

Conoce el método de trabajo →